La reciente presentación del libro Mexcalli en Casa Chihuahua Centro de Patrimonio Cultural ha desatado una fuerte polémica. Lo que debía ser un evento literario se convirtió en una verdadera cantina, donde la gran cantidad de alcohol servido a los asistentes dejó en entredicho los límites y el propósito del recinto.
El edificio, que resguarda el calabozo de Hidalgo y posee una declaratoria de patrimonio, fue testigo de una noche que parece haber desvirtuado su esencia histórica. La escena llamó la atención no solo por la evidente permisividad, sino porque incluso la directora Elia Fernández Martínez participó en la degustación de bebidas alcohólicas.
Ante esto, surgen preguntas inevitables: ¿Es ético y permitido el consumo de alcohol en un recinto histórico? ¿Existía algún permiso especial para ello? Y más importante aún, ¿está bien convertir un centro de cultura en un espacio para beber?
Lo ocurrido en Casa Chihuahua deja un debate abierto sobre el respeto y el uso adecuado de los espacios patrimoniales.



